Anabrielle 6
Capítulo 6: Y antes de que
te des cuenta, la vida siguió y tú sobreviviste.
La
última vez que Abrielle había pasado una noche completa sin dormir había sido
por Anahí, pero esta noche era por una razón muy diferente. La ropa sobre su
cuerpo aún seguía empapada, después de todo no había parado de llover y ella no
había dejado de disfrutar la lluvia.
Puso un
pie en el edificio de Rocío y un estornudo la hizo sonreír – Lo que me faltaba,
resfriarme – dijo mientras caminaba dejando un rastro de humedad a su espalda.
Eran tan solo las siete y media de la mañana, se subió al ascensor y una niña
con la que siempre se encontraba se asustó al verla en aquel estado, se miró en
el reflejo del metal a su lado y pudo ver su maquillaje como una acuarela sobre
su rostro – ¡Bu! –le dijo a la pequeña mientras sonreía, de pronto la lluvia se
había llevado tanto de ella que podía ser un nuevo inicio.
Nunca la
tarea de introducir una llave en la puerta le había tomado tanto tiempo a
Abrielle, tal vez fue lo mojadas que estaban sus manos, el frio que de pronto
la estaba envolviendo o el movimiento espantoso que hacían sus dedos chocando
unos con otros, pero algo si sabía Abrielle, hubiese preferido mantenerse
afuera, ahí era seguro, el agua seguiría limpiándola y de pronto todo podría
quedar atrás – maldita la hora en que me enamore de ti –dijo al abrir la puerta
y la persona a quien iban dirigidas esas palabras estaba tras la puerta,
sentada al lado de su mejor amiga, con un rostro no mucho mejor que el de ella.
-
¡¿Dónde estabas?! –Preguntó de golpe Rocío poniéndose de pie de inmediato antes
de que cruzara la puerta – ¡Nos tenías preocupadas Abrielle por la cresta, mira
como estas!
Abrielle
miro el espacio entre su mejor amiga y la morena a su espalda, pero no supo que
decir, no quiso decir nada, mucho menos preguntar qué estaba haciendo ahí, no
después de lo que había pasado – Voy a ir a darme un baño y cambiarme ropa
–dijo Abrielle sin mirar a nadie más, ni por un segundo. Camino hasta el cuarto
de huéspedes y dos minutos después estaba saliendo con una toalla envuelta en
su desnudo cuerpo y caminando hasta el baño.
Tantas
veces la vio Anahí en aquellas prendas y nunca la imagen le había causado
dolor, porque eso sentía, tan fuerte que se preguntó si iba a poder seguir
respirando después que saliera por aquella puerta.
-
¿Quieres un café? –preguntó Rocío mientras le preparaba uno a su amiga para
cuando saliera del baño. Anahí solo asintió con su cabeza, de pronto solo
quería caminar hasta el baño y rogarle a la pelirroja que la oyera solo diez
minutos.
Veinte
minutos pasaron antes de que la puerta se abriera, Abrielle salió con un buzo
que probablemente no era de ella, Anahí la miró expectante, esperaba gritos,
reclamos, esperaba que la echara del lugar mucho antes de que pudiera abrir la
boca, sin embargo Abrielle camino hasta Rocío y tomo la taza de café que sabía
la estaba esperando, le dio tan solo un sorbo y camino para sentarse frente a
Anahí.
Le
parecía increíble aquella distancia entre ambas, la separación que había entre
sus cuerpos no era real, nada era real, ni la última semana, ni la noche
anterior, ni nada, en alguna realidad ella seguían bien, habían tenido una cena
llena de amor y Abrielle le había regalado a Anahí una de las dos argollas
grabadas que guardaba tan secretamente, las que había comprado solo para
demostrarle cuanto la amaba, para que pudieran caminar siempre atada a la otra,
sin importar donde estuviesen, sin embargo la realidad no era aquel sueño y en
la realidad ellas estaban a una distancia considerable, sin argollas en sus
dedos y con un dolor que podía verse marcado en sus ojos. Abrielle estornudo
una vez más y por mucho que Anahí quisiera sonreír por ser la primera vez que
oía aquel ruido de la periodista, no podía reír, era otro el motivo de su
presencia en el lugar.
- Te
escucho –dijo Abrielle bajando la taza de café que calentaba sus manos.
-
Necesito que sepas que no le conté nada a Carla –dijo Mientras Abrielle cargaba
en su rostro una sonrisa de incredulidad, omitiendo cualquier palabra que
pudiese salir de su boca –te juro que nunca podría haber hecho eso, no es mi
historia para contar.
-
Entonces como supo –dijo Abrielle intentando abrir su mente
-
Escucho cuando le decía a Max…
-
Entonces si lo escucho de tus labios –dijo interrumpiéndola
-
Abrielle, le estaba diciendo a Max que no me importaba en lo que hayas
trabajado, que nada se comparaba con el hecho de no estar contigo –Abrielle
intento comprender sus palabras, pero su rostro seguía incrédulo, casi
burlándose de las palabras que oía –Max me dijo que tenía que decirlo con todas
sus letras, no me importa que hayas sido escort, y de verdad no me importa, fui
una tonta Abrielle.
- Y ella
porque lo escucho –dijo Abrielle ignorando sus últimas palabras
- Estaba
en el club, yo estaba con Max en la oficina y no vimos cuando llego, de hecho
si estaba en el departamento fue solo por eso.
-
Abrielle te estabas dando un baño mientras ella te esperaba, para que, para
preguntarte si era verdad que tu ex había sido puta – Abrielle recalco las
palabras y Anahí no supo que le dolió más, la forma en que lo dijo, como se
autoproclamo puta o el pequeño detalle de la palabra “ex” para referirse a
ambas. Probablemente la última era lo que más le afectaba.
- Te
aseguro que eso también tiene una explicación Abrielle, pero necesito que me
creas, jamás le contaría a nadie
-
¿Porqué, tanta vergüenza te da?
- No. No
es eso, es algo tuyo, no mío, no me corresponde a mí –respondió Anahí sin
entender sus palabras.
- Anahí,
el tema ya ni siquiera es si tu dejaste de tenerme asco, si aceptaste mi pasado
o si yo perdono algo que puede que tu no hayas dado a conocer por voluntad
propia, el tema es que ya es tarde.
- No, no
es tarde, tú estás aquí y yo también, yo sé que vamos a superar esto
- No. No
lo haremos, todo partió demasiado rápido, y lo que rápido comienza, rápido se
acaba.
-
Abrielle por favor –Anahí se puso de pie solo para volver aponerse a su altura,
e incluso más debajo de ella, las lágrimas empezaron a caer en cuanto
comprendió que todo había acabado, pero no quería resignarse, no podía, afirmo
sus brazos en las piernas de la pelirroja y por primera vez en su vida rogó
–Bri por favor, te prometo que pasare los días disculpándome, fui una estúpida,
nunca debí juzgarte, nunca debí enojarme porque no me lo contaras, por favor no
me hagas esto.
- Anahí
no te hagas esto tú – respondió poniéndola de pie – ni siquiera importa ya lo
que paso
- ¿No
importa? –Anahí vio a sus ojos y le pareció encontrarse con una nueva persona,
lejos había quedado aquella mirada de nunca acabar en la que parecía perderse
cada vez que la capturaba, no esta mirada parecía tener una especie de reja,
para que no pudiese entrar, aquellos eran simplemente dos ojos mirándola
ausentes, Anahí lo comprendió y el dolor que mantenía constante en el pecho
paso a ser algo mucho más fuerte.
- Me
ofrecieron un puesto en prensa, en un canal abierto –dijo Abrielle ignorando la
mirada de Anahí
- ¿En
dónde?
- En
Santiago –respondió Abrielle. Todo lo que Anahí tenía en mente de pronto había
desaparecido. – Lo acepte esta mañana.
“Lo
acepte esta mañana,” las palabras se repitieron tantas veces en la cabeza de
Anahí que rápidamente perdieron su significado, si tan solo no hubiese sido tan
testaruda, si hubiese comprendido antes, si lo hubiese aceptado de inmediato, si
Carla no hubiese llegado a su departamento justo cuando iba a tomar una ducha,
si tan solo la hubiese echado desde un principio, tantos “si” rondaron en su
mente que en un punto nada tenía sentido.
La
oportunidad que tenía Abrielle no era algo que se diera siempre, no podía ser
egoísta, no podía rogarle que se quedase, no. Tenía que dejarla ir, por mucho
que aquella no fuese su decisión. Por mucho que las oportunidades de ganársela
de vuelta se esfumaran por completo en un segundo, entonces comprendió la más
feroz de las frases “Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Solo que
ella siempre lo supo y ahora descubrió la intensidad con que la amaba.
-
¿Cuándo te vas? –preguntó intentando encontrar su voz
- En una
semana probablemente –contesto Abrielle secamente, tal vez internamente quería
verla luchar solo un poco más, tal vez bastaba que se lo pidiera para decir que
sí.
- ¿Tus
cosas? –preguntó Anahí incapaz de formular una pregunta concreta
- Mañana
por la tarde puedo ir por ellas
-
Definitivamente estábamos destinadas al fracaso –Anahí dejo salir las palabras
que le oprimían el pecho desde que la escucho decir “Lo acepte esta mañana”. No
quería decirlas, prefería guardarlas, pero le fue imposible contenerlas mucho
más rato.
- No lo
sé, tal vez estábamos destinadas a algo mucho más grande, demasiado grande para
nosotras y eso fue lo que nos pasó la cuenta.
Anahí
busco en su mano el tacto lo que necesitaba para dejarla ir, para no rogarle
que se quedara a su lado, pero después de todo lo que había pasado, quien era
ella para rogar.
- Siento
todo lo que paso, todo lo que no hice, lo siento Abrielle –insistió mientras la
pelirroja se grababa el tacto de la morena entre sus dígitos.
- Anahí
yo… -dijo Abrielle abruptamente y de la misma forma se detuvo.
- Nada,
vas a ir y vas a ser la mejor en lo que haces, como siempre –dijo Anahí
paseando su mano sobre la pecosa mejilla, no tuvo que levantarse demasiado
sobre la punta de sus pies para alcanzar su boca, quería despedirse, quería
quedarse con un suvenir de lo que habían sido. – Cuídate Abrielle Domínguez
–susurro Anahí sobre sus labios antes de caminar hasta la puerta.
Se habían
despedido, habían terminado algo que nunca comprendieron como había comenzado y
lejos de culparse la una a la otra, en ese momento se perdonaron, mientras
simplemente seguían su vida.
v
La tarde
estaba tibia, sin embargo Anahí sentía un frío que le calaba hasta los huesos,
no recordaba desde que hora había estado llorando, no quería recordar, sino
todo lo contrario, Anahí quería olvidar con todas sus fuerzas.
- Anahí
esto debe parar –dijo Max entrando a la habitación, en sus manos traía una
bandeja con comida, había pasado la noche anterior velando su sueño, cuando era
capaz de dormir, cuando no, solo oía sus sollozos hasta que volvía a dormirse,
cada vez que Anahí abría los ojos recordaba que ya todo había terminado, que ya
no habían esperanzas y una vez más volvía a su ciclo.
- No
quiero parar, quiero secarme llorando, fui tan hueona Max, ¡tan! – la morena se
abrazó una vez más a la única polera que Abrielle había dejado tras su paso la
tarde del día anterior, cuando Anahí llego al departamento solo encontró el
vació, la copia de sus llaves del departamento y una polera entre sus cosas, el
otro lado de la cómoda estaba vacío, como el lado del closet, el lado del
velador e incluso el lado del mueble del baño, si Anahí no hubiese vivido con
ella, hubiese creído que siempre había estado sola.
- No
sacas nada con lamentarte ahora, ¿Por qué no le dijiste que se quedara?
- ¿Yo?
Si fui yo la que le insinuó que estaba conmigo por lo que tengo, ahora le iba a
pedir que tirara sus sueños a la basura por mí, después de todo lo que debe
haber pasado para estar donde está, me hubiese dado vergüenza pedirle que se
quedara. –Reclamo entre lágrimas.
- El
problema Nai, es que ya no lo hiciste, que por más que digas todo eso por
dentro te estas muriendo por pedirle que se quede, porque crees que no amaras a
nadie como la amaste a ella.
- Tu
puedes creer que nunca tuvimos una pelea en los siete meses que estuvimos
juntas, si a veces discutíamos por pequeñeces y siempre lograba sacarme una
sonrisa para que todo quedara en nada, entonces dime si voy a amar a alguien
como la ame a ella.
- No lo
sé, tal vez no vuelvas a amar nunca, o quizás conozcas a alguien que te
maraville aún más y vuelvas a amar con más intensidad.
- No sé
si quiero amar a otra persona.
- Nai,
va a pasar el tiempo y te darás cuenta
que ya todo paso –Max quería creer las palabras que decía, necesitaba creerlas,
porque si no lo hacia él, Anahí nunca lo iba a creer.
- No
tengo hambre –dijo Anahí quitando la bandeja que estaba frente a ella,
ignorando las palabras de su mejor amigo, como lo había hecho desde que entro a
su departamento.
- Ya, me
imagino que no tienes apetito, pero me da igual, vas a comer de todas formas,
no te quiero además de triste, enferma por no comer.
Se
podría decir que Max no tuvo que luchar mucho para que comiera, pero la
realidad era que había luchado. Y mucho. Al menos lo hizo por los dos días que
siguieron, pero cuando su inapetencia paso de ser por tristeza y se estaba
convirtiendo en una costumbre, Max tuvo que poner un signo pare en medio de la
habitación y con toda la fuerza de su poder de convencimiento la saco de
aquella habitación.
El café
y el club la trajeron de vuelta en un estado semipresencial, faltaban dos días
para que Abrielle se fuera y mientras más ocupada se encontraba, menos pensaba
en ella, en su estatura, en sus ojos, en
sus pecas, en su voz susurrándole al oído y una vez más la recordaba entera
mientras afirmaba su cabeza en la barra del café, sin importarle quien estaba
frente a ella pidiendo un muffin o cual de sus meseras le pedía un relleno de
café, al final las muchachas terminaban dando la vuelta y haciendo ellas el
trabajo, de pronto todo el mundo sabía lo que había en su cabeza.
De Max: ¿Cómo estás?
La
vibración de su celular la saco de sus pensamientos y Max la mensajeaba por
tercera vez en el día y a diferencia de las veces anteriores, esta vez prefirió
responder, sabía que el hombre podía enviarle veinte mensajes más con el mismo
contenido.
Para Max: Bien, tome desayuno y almorcé.
Podía
ver la cara de su mejor amiga haciendo una mueca por su ironía, la imagen le
causo una sonrisa, la primera en días, al menos la vida se estaba volviendo un
poco menos obscura.
v
La
ventana a su izquierda resonaba por la suavidad del viento, Abrielle miró por última
vez aquella vista, realmente se iría, solo le quedaba esperar que todo
resultara bien y que a su paso todo el pasado se mantuviera como lo que debería,
siendo solo un pasado.
- No
quiero que te vayas –dijo Rocío haciendo un puchero con sus labios, se había acostumbrado
a la presencia de su amiga en la casa, pero por sobre todo, se había acostumbrado
a ella.
- Solo estaré
a dos horas en avión de aquí.
-
Suficientes horas para extrañarte, para no verte a diario
- Pero
viajaras a verme –dijo Abrielle acercándose a ella mientras sonreía. Rocío
pensaba que no iba a volver a ver esa sonrisa antes de que se marchara.
- Sí,
por supuesto que sí. –Respondió Rocío abrazando a su amiga –de todas formas, me
hubiese gustado que todo resultara bien, no así.
- ¡Oye! Al
menos algo bueno salió de todo esto, no creas que no me doy cuenta de la forma
en que se miran
- No sé
de qué estás hablando –dijo Rocío buscando algo inexistente en sus manos
- Si
claro. Max es un buen tipo –afirmo Abrielle con algo de tristeza en su voz,
todo lo que le recordara ella, sacaba a relucir aquella voz.
- Lo sé,
pero aún no hay nada
- Yo
quiero ser la madrina del matrimonio –reclamo sonriendo
-
Mientras sonrías así el día en que me case, eso será un hecho. – bastaron aquellas
palabras para que la sonrisa en los labios de Abrielle se fuera difuminando
poco a poco.
- Puedo
sonreír, pero no puedo llorar –dijo Abrielle con una sonrisa falsa en sus
labios
- Nunca
has sido como el ser humano común Bri, pero eso no quiere decir que no explotar
sea bueno, en algún momento tendrás que hacerlo.
- Me
hubiese gustado llorar aquí, marcharme dejando todo atrás
- Estas
segura de irte Bri –Rocío había querido hacer esa pregunta por días, podía leerlo
en la mirada de la pelirroja, pero quería oírlo de sus labios.
- No
estoy segura, pero tampoco estoy arrancando, no tengo nada de que arrancar,
creo que si me quedo podría arreglar las cosas con Anahí, sí. De verdad lo
creo, pero siempre van a estar sus palabras, mis actos, su ex, no sé. Estoy siendo
cobarde tal vez –dijo pensando en voz alta
- Tal
vez es necesario –dijo Rocío tomando la mano de la periodista entre las de ella
- Tal
vez nunca debimos estar juntas
- o Tal
vez pase el tiempo, se reencuentren y sea para siempre
-
Demasiados tal vez para mi gusto. – Abrielle tomo las palabras de rocío y las
guardo, como una pequeña esperanza, aquel “tal vez” podía ser lo único que la mantuviera
de pie por un tiempo y la pelirroja necesitaba estar de pie.
Las
palabras siguieron paseándose en la habitación a la espera de la hora de
salida, si Abrielle hubiese sido un porcentaje, el diez por ciento de ella tenía
emoción por lo que le esperaba en una nueva ciudad, un veinte por ciento tenía
miedo por lo mismo, otro veinte por ciento tenía ganas de salir corriendo en
una dirección contraria al aeropuerto y el cincuenta por ciento restante quería
estar al lado de cierta morena, un tanto más baja que ella, pero que cuando la
abrazaba se moldeaba de manera perfecta a su cuerpo. En aquello pensaba cuando
su celular vibro sobre la mesa que estaba a cinco pasos de ella, sin querer
tuvo miedo de leerlo, solo lo miro desde el mismo lugar en el que estaba, como
si un simple mensaje pudiese significar algo en su vida.
- ¿No
vas a ver de quién es?
- Debe
ser alguna promoción –respondió sin darle importancia, pero a Rocío aquello no
le convenció y se acercó hasta el celular solo para ver el nombre que tanto
temía ver Abrielle.
- Yo no
lo voy a leer –dijo Rocío pasándole el celular. La pelirroja arrugo la nariz
como si de pronto en su mano estuviese la peor de las armas.
De Nai:
Supe que te ibas antes, espero
que tengas un buen viaje.
Que llegues bien y todo sea un éxito. Un beso.
Anahí.
Abrielle
leyó el mensaje en voz alta y sintió un vacío en su interior – ¿Y que se supone
que debo contestar ahora? –preguntó a su amiga indecisa de querer una respuesta
–no sé cómo contestar a su cordialidad.
- Un “quédate”,
hubiese sido más fácil de responder –dijo Rocío reconociendo el gesto en la
cara de su amiga –jamás te va a pedir que te quedes, eso tendría que nacer de
ti, ella solo quiere que tu estés bien
- ¿Max?
- Algo así, ¿Te vas o te quedas? –preguntó Rocío
y aquello hubiese tenido una respuesta simple si tan solo Abrielle no hubiese
sido tan testaruda.
v
Por
veinte minutos Anahí miró la pantalla de su celular, esperando un nuevo
mensaje, pero por más que prendiera y apagara la pantalla no entraba nada
nuevo, no había nada peor que la incertidumbre de cómo había tomado el mensaje,
si le había molestado, si le había agradado, o simplemente le era indiferente,
pero solo le quedaba esperar, no importaba cuanto quisiera borrar lo que había enviado,
una vez que se envía ya no hay vuelta atrás.
- Jefa
se nos acabó el chocolate para los pasteles –dijo Jaime sacándola de sus
pensamientos
- Dime
Anahí Jaime, todo el mundo me llama por mi nombre –respondió Anahí al muchacho,
que lucía muy diferente a como lo había conocido –hagamos algo, hazme una lista
de todo lo que falta o queda poco, hare el pedido antes.
Jaime
solo asintió con la cabeza mientras entraba a la cocina, la puerta oscilo hacia
delante y atrás y el movimiento pareció llevarla a otro tiempo, aproximadamente
tres meses atrás, cuando el lugar aún no tenía las estanterías de los libros,
ni las máquinas de café, ni mucho menos las piezas de arte que parecían venderse
cada vez mejor. En aquel tiempo solo estaban ella y la única colorina que
lograba hacerla sonreír incluso con un simple recuerdo…
- Amor
la puerta de la cocina podría ser como las de las películas que se abren para
ambos lados – dijo Abrielle parándose en el lugar donde debía ir una puerta
- ¿Tú
crees?
- Sí, se
vería lindo
- Pero
tú te ves más linda ahí donde estas, segura que no te puedo fijar como una
puerta
- Ya,
pero si me dejas aquí entonces todos me tocarían para entrar y salir –dijo Abrielle
con picardía en su voz, siempre que estaban solas le hablaba de esa forma y
Anahí parecía enamorarse un poco más que el minuto anterior.
-
Entonces no, cambio de planes –dijo Anahí acercándose a ella –solo yo te puedo
tocar –Anahí paseo sus manos por las caderas de la pelirroja y el tacto hizo
que ambas se estremecieran
- Aquí
no –susurro Abrielle mientras mordía su labio inferior, sabía perfectamente la
forma en que Anahí actuaba y la presión con la que sus dedos se afirmaban a la
piel bajo su polera no dejaba mucho para suponer.
-
Estamos solas –murmuró besando su cuello. Abrielle dejó escapar un pequeño
gemido de sus labios y esa era toda la aprobación que Anahí necesitaba para
continuar su trabajo
- Anahí…
-murmuró Abrielle mientras la morena le hacía caminar hasta lo que muy pronto
iba a ser una cocina, acorralándola entre su cuerpo y una fría mesa en medio
del lugar, en la que rápidamente de pronto estaba sentada.
- Me
encanta cuando quedas a mi altura –musitó paseando la punta de su lengua sobre
los labios enrojecidos de la pelirroja.
- Mhmm…
-dijo Abrielle acercándola más a su cuerpo para besarla como correspondía,
sujetando con fuerza entre sus manos las nalgas de la morena, apretándolas hasta
oír cierto sonido de los labios de Anahí, uno que siempre le dibujaba una media
sonrisa en su rostro, sintiéndose victoriosa por lo fácil que pasaba de ser
seducida a controlar a la morena que estaba de pie frente a ella y antes de que
pudiese responder, Anahí estaba acostada sobre la fría mesa de metal.
- ¡Ah! –grito
Anahí al sentir el tacto helado sobre la piel que había descubierto Abrielle,
dejando ante sus ojos a la morena con tan solo un sostén en la parte superior
de su cuerpo
- ¿Esta
helado? –preguntó en un hilo de voz
- No por
mucho tiempo –respondió Anahí con un tono de voz que pocas veces había escuchado
Abrielle, uno que siempre lograba hacerle sentir de inmediato el calor en el
centro de su cuerpo.
No
salieron más oraciones de sus bocas, solo gemidos, ruidos opacados por cierto
beso, caricia o rasguño desesperado en busca de sentirse atada a la tierra,
mientras la pelirroja se paseaba en el centro de la morena, haciéndola flotar
en medio del lugar, creyendo que no había nada bajo su cuerpo, solo espacio.
La
vibración de su celular la hizo salir de sus recuerdos, entonces se dio cuenta
de lo agitada que estaba su respiración y de las miradas que atraía mientras la
sangre se le subía a sus mejillas, si alguien tenía una duda sobre lo que
estaba pensando, ahora probablemente lo había descifrado y Anahí quería
ocultarse lo más rápido posible, si hubiese podido cavar un hoyo y enterrarse
lo hubiese hecho.
Pero no
era un pensamiento, era un recuerdo, uno perfectamente grabado en su memoria,
tanto que podía sentir el perfume de Abrielle como si estuviese a su lado, el
peso de su cuerpo sobre ella pidiéndole más, exigiéndole algo que siempre supo
darle. Amor.
La
pequeña luz sobre la pantalla de su celular le recordó que aún no leía el
mensaje, tenía miedo de abrirlo, miedo de que las palabras fuesen demasiado banales,
pero mucho más miedo de que las palabras fuesen perfectas, entonces su partida
le dolería el doble y ya no quería que le siguiera doliendo aún más, con la
intensidad que lo hacía ahora era más que suficiente.
De Bri: Gracias
Anahí, ya estoy en el avión y aunque no es el mejor medio para decirlo, te
quiero dar las gracias por todos los momentos maravillosos, por todos los
recuerdos que me llevo grabados en el alma. Se feliz Nai, te mereces lo mejor
del mundo.
Siempre tuya. Siempre.
Abrielle.
Anahí no
se dio cuenta cuantas veces había leído el mensaje hasta que dos gotas de agua
golpearon con fuerza la pantalla de su celular, fue entonces que toco su rostro
y seco las lágrimas que no paraban de caer. Si ya la encontraba perfecta
aquellas palabras no hicieron sino enamorarla una vez más, pero esta vez el
sentimiento no fue lindo, ni agradable, ni esperanzador, esta vez el
sentimiento fue tan amargo que sintió ganas de vomitar, ganas de que las
mariposas podridas dentro de su estómago salieran de una vez y por todas.
v
Un mes pasó
casi corriendo frente a ellas y sin embargo el sentimiento no cambiaba, dicen
que te demoras en olvidar un gran amor el doble de tiempo que estuviste con esa
persona, ambas no llevaban ni una parte del tiempo, sin embargo Anahí había dejado
de llorar por cada rincón del departamento y Abrielle se había centrado de
lleno en su nuevo trabajo de investigación, no tuvo tiempo de llorar, ni de
lamentarse, simplemente siguió con su vida, por mucho que todas las noches
cuando llegaba a su frio departamento dijera “Amor llegué” y solo en su cabeza resonara
una respuesta. No sabía si era la forma perfecta en que aún recordaba su voz o
lo patética que se veía hablándole al aire, pero siempre lograba sonreír.
Abrielle
apagó el despertador que estaba al lado de su cama y restregó con su mano
derecha sus ojos, - Un día más- se repitió como cada mañana, aquellas tres
palabras eran indispensables para comenzar bien su día, a veces ni siquiera
para que fuese un buen día, sino simplemente para que “fuera” y punto. – Abrielle
te vas a volver loca más temprano que tarde –dijo mirándose en el espejo,
intentando tener una conversación, llevaba más de un mes en el lugar y aun no tenía
amigos, sus compañeros de trabajo eran mayores y con familia, no había salido a
un club ni nada por el estilo en todas las semanas que llevaba en el lugar,
pero al menos estaba haciendo algo que le llenaba una parte de su alma, la más
pequeña.
- No
estoy –dijo Abrielle respondiendo el celular. Rocío la llamaba todos los días
por la mañana y por la tarde, al principio era para saber si estaba bien, después
descubrió que lo hacía para estar ella misma bien.
- Al
menos hoy tienes buen humor –respondió Rocío y podía ver la sonrisa en los
labios de su mejor amiga
- Hoy
tendré un día de locos, estoy obligada a tener buen humor
- Que
bueno porque tengo algo que decirte
- ¡Estas
embarazada! –grito Abrielle, que lejos de ser una pregunta era una afirmación
- No. Siempre
dices lo mismo Bri, ¡ya para! Cuando lo este de verdad n siquiera te
emocionaras –reclamo Rocío al otro lado de la línea
- Ya,
ya, pero no tienes para que estirar la trompa
- ¿Dije
que me alegraba tu buen humor? Creo que me arrepiento
- Lo
siento Ro, cual es la noticia
- En
realidad son dos, ambas buenas, creo
- La
menos buena primero –dijo Abrielle sonriendo
- Max se
muda conmigo –dijo Rocío. Abrielle se alegró con la noticia, pero hasta aquel
día le era imposible escuchar sobre Max y no pensar en la morena que seguía rondando
en su cabeza
- Me
alegro Ro, de verdad, dile a ese infeliz que más le vale respetarte y
valorarte, sino tendré que ir a castrarlo.
- Díselo
tu misma, porque la otra semana estaremos por allá, esa es la otra noticia, Max
tiene que cerrar unos negocios y yo aprovechare para estar contigo unos días
- Ahora
si me hiciste sonreír Ro, marcare los días en el calendario –dijo Abrielle con
emoción.
Hablaron
por diez minutos sobre los detalles del viaje, sobre que se quedaran en un
hotel o en su departamento y al final gano Abrielle, se quedarían con ella,
hasta que un silencio extraño se hizo presente en la conversación, Rocío no
necesito que Abrielle dijera nada, podía verla luchando para no preguntar del
todo, entonces su amiga simplemente contesto una pregunta jamás formulada.
- Está
bien, administrando el café a tiempo completo y los fines de semana en el club,
Max tiene que cerrar un trato para negociar con la marca del café y abrir una
sucursal allá, al parecer quieren invertir en su estilo, pero ella seguiría
siendo la dueña, de hecho logró que cerraran el negocio con un ochenta por ciento
a su favor, Max solo ira a firmar
- ¿Y
ella por qué no viene? –preguntó de pronto sorprendiendo a su amiga
- No
quiere dejar solo el café –dijo Rocío sin convencerla del todo
- Me
alegro que este bien –dijo Abrielle y antes de que la conversación se alargara
mucho más, ambas se despidieron con un sabor extraño en sus labios, Abrielle
sabiendo que la mitad de lo que le había dicho no era verdad y Rocío sabiendo
que le había mentido a su mejor amiga, pero era mucho más fácil decir eso, que
decir que Rocío ni siquiera hablaba sino era de trabajo por esos días, o que
estaba casi en los huesos simplemente porque no tenía hambre, mucho menos decir
que en aquel corto tiempo Max la había convencido de tratarse con un psicólogo,
luego con otro y otro más, porque al parecer ninguno entendía lo que pasaba por
su cabeza, pero la respuesta era simple, Anahí padecía el mal del corazón roto.
v
El
tiempo se dejó llevar y siguió su paso, no corrió de prisa, pero tampoco
parecía caminar y sin que se diera cuenta la vida había pasado, el oxígeno no
se había marchado con la otra y podían seguir viviendo. Nuevas amistades aparecían
en sus vidas y entre recuerdos, penas y glorias, el amor parecía volver a
golpear la puerta, al menos era parecido al amor, aunque fuese para una de
ellas.
Abrielle
entro a su departamento y sonrió por el aroma que había en él, la mujer que iba
a hacerle el aseo dos veces por semana siempre rociaba un aroma especial en
ella, que por más que Abrielle le preguntase el nombre nunca lo decía, era su
secreto profesional, su forma de que no la despidiera, según ella.
Se acercó
a su cocina y una vez más Karina le había cocinado, no importaba cuantas veces
Abrielle le recalcara que su trabajo era hacer solo el aseo, la mujer de edad
siempre terminaba cocinando con un toque único, uno que le hacía recordar a su
madre cada vez que comía y aunque las primeras veces el recuerdo era doloroso,
ya se había vuelto solo eso, un recuerdo, como todo en su vida.
Después
de una ducha rápida preparo un plato de comida y lo llevo hasta la cama como
siempre lo hacía, el trabajo una vez más la había dejado rendida, esa semana habían
terminado un caso de narcotráfico y por primera vez en su vida estaba nominada
a un premio periodístico con su equipo de trabajo, ellos no eran el rostro del
programa y no porque no le hubiesen ofrecido el puesto en incontables veces a
Abrielle, sino porque ella iba a preferir siempre trabajar por su talento,
antes que por su rostro, aquello ya lo había hecho una vez.
El
celular sobre su almohada comenzó a vibrar y una vez más Rocío llamaba a la
hora exacta, Abrielle se preguntó si algún día su amiga se iba a cansar de llamar
dos veces al día, pero ya había comprendido que la necesidad de hablar era
mutua.
- Estoy
comiendo –dijo Abrielle con la boca llena causando la risa de su mejor amiga
- A
veces eres tan troglodita
-
Siempre lo he sido, asúmelo de una vez –respondió Abrielle al fin tragando lo
que estaba en su boca
- ¿Cómo
estás? –preguntó Rocío partiendo la conversación como siempre, con preguntas y
respuestas de rutina mientras Abrielle comía y respondía con una extraña voz, no
importaba cuanto su amiga le pidiera que dejara de echarse bocados grandes a la
boca, su respuesta siempre era “Es que esta exquisito Ro”, haciendo que Rocío
solo se alegrara de que su amiga volviese a ser la misma de antes, o casi, solo
faltaba una cosa. – ¿Y qué tal la rubia esa que llego a trabajar contigo? –preguntó
intentando sonar normal.
- No es
mi tipo –respondió Abrielle como siempre lo hacía, Rocío sabía que todas las
mujeres eran su tipo, pero de pronto aquella era la excusa regular.
-
Dijiste que era simpática, que te hacia reír
- Pero
eso no significa que sea mi tipo.
-
Abrielle, ha pasado un año desde que estas sola, ya basta de no encontrar un
tipo –dijo rocío quitando la curita de un solo golpe. Abrielle se quedó en
silencio, un año había pasado y a veces le parecía increíble, no porque no
supiera calcular el tiempo, sino porque todo lo que sentía un año atrás seguía intacto,
por más que intentase borrarlo, no le apetecían otros labios, ni otra voz, ni
mucho menos otro cuerpo en su cama, pero entonces algo hizo clic, tal vez la
insistencia de su amiga, o el tono de voz que había usado esta vez…
- Siguió
con su vida ¿Cierto? ¿Ya está con alguien? – preguntó esperando una respuesta
digna al menos.
- Qué
esperabas Bri, la vida siguió, tú deberías hacer lo mismo.
- Ojala
fuese tan fácil hacerlo como decirlo –dijo haciendo una pausa mientras dejaba
el plato con la mitad de comida sobre su velador –bueno, supongo que sí es fácil.
–dijo cortando la llamada sin despedirse como era costumbre, no quería tener
esa información, no deseaba saber que había seguido su vida, por mucho que
quisiera que fuese feliz y entonces por primera vez desde el día que la vio por
última vez, Abrielle Domínguez, lloró.
Nota: Capitulo dedicado especialmente a mi amiga Venezolana Andrea, mejor conocida como Carol Virginia Perez, que estaba de cumpleaños ayer. Feliz Cumpleaños otra vez y que sean mucho más!
Me demore pero más vale tarde que nunca. Comente. Comparta. Sonría, la vida es bella :)
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